El sedentarismo es el cuarto factor de riesgo de mortalidad en la actualidad y está asociado hasta con 30 tipos diferentes de enfermedades crónicas. De hecho, la inactividad física y el sedentarismo han pasado de aproximadamente 25 horas semanales de comportamientos sedentarios en el año 1960 a 45 horas en 2018.
La actividad física se puede medir en equivalentes metabólicos o MET. Un MET es la energía consumida mientras se permanece sentado en estado de reposo. Por lo tanto, el valor MET muestra la intensidad de una actividad. Una actividad con un valor MET de 5 significa que durante la misma se está consumiendo cinco veces más energía y calorías que si se estuviese en reposo.
La actividad física diaria (laboral, doméstica, ocio y transporte), se ha reducido de 210 MET en la década de los 60 a 170 MET horas/semana a principios de siglo, con previsiones de reducción a menos de 150 MET horas/semana para 2020. Sin duda, las estresantes y amplias jornadas laborales, el desarrollo tecnológico o la falta de recursos económicos, entre otros, provocan una complicada realidad actual con una pandemia en auge a nivel mundial.
Al mismo tiempo, en las sociedades con mayores recursos económicos, cada vez son más frecuentes los tratamientos farmacológicos para tratar estas enfermedades. Los medicamentos reducen el dolor y alargan la vida de los ciudadanos aunque no en todas las ocasiones aumentan su calidad de vida. Además, suponen un aumento del gasto sanitario, que en España está considerado en 990 millones de euros, con un gasto total de 5.000 millones de euros y con progresión de aumento durante los próximos años. En países como Suecia, los médicos generalistas indican que la formación académica que han recibido se basa en la prescripción de medicamentos y poseen escasos conocimientos sobre medicina preventiva y prescripción mediante ejercicio físico.
Por otro lado, el conocimiento de los efectos y mejoras que provoca el ejercicio físico sobre la salud de las personas no es algo reciente. En la antigua Grecia, Hipócrates ya argumentaba que el cuerpo humano estaba diseñado para realizar actividad física, y el hecho de no hacerlo podía provocar enfermedades y acelerar el envejecimiento de las personas. Sus palabras anticipaban la situación pandémica que causa la inactividad física en la actualidad. También, durante la Primera Guerra Mundial, McKenzie comprobó y utilizó el ejercicio físico para disminuir el tiempo de rehabilitación de los militares que sufrían lesiones incapacitantes. En 1953, Morris y cols. comprobaron los efectos que tenían los estilos de vida sedentarios, con largos periodos de inactividad física en el trabajo, sobre la salud cardiovascular de los trabajadores. De forma creciente con el paso de los años, se ha ido obteniendo mayor evidencia sobre los efectos que posee el ejercicio físico sobre la salud, la prevención y el tratamiento de las enfermedades crónicas.
El ejercicio físico supone una mejora de la condición física muscular y cardiovascular, con efectos notables tanto en niños y adolescentes como en adultos y mayores. Estos efectos se ven potenciados cuando se combina con una correcta alimentación y se anulan ciertos hábitos nocivos, como el abuso de alcohol y tabaco.